JJuan González Fariña, cestero de Pinolere (Tenerife) que empezó a conocer la cestería con su padre, señala a su abuelo en relación a otra actividad tradicional de los campos de la isla: la viña y el vino. Y ya puestos a hablar de agricultura, señala sus propios cultivos de una papa sabrosa: la bonita.
“Mi abuelo no era cestero, se dedicaba más a ir al monte con los burros que tenía, a buscar horquetas,
cisco* y eso. Porque antes la horqueta* se vendía mucho para la viña. Ya hoy no, lo que quieren es un pedazo de hierro. ¿Cómo se come eso? Yo no sé lo que están estudiando hoy. que le están metiendo hierro y no quieren horquetas”, explica José González, lo que le lleva a hablar de aquellos vinos que, también, vio hacer a su padre, pues para eso tenían sus viñas cada familia. “Tenía muchas amistades en esa Florida –dice de su progenitor–, y le daban veces un barril o dos de
verdillo* y lo encerraba en una barriquita. Y cuando hervía, el olor trastornaba. Y hoy pasas por cualquier bodega y no te da olor a vino ninguno; está hirviendo el vino y no te da olor, ¿por qué?, por tanta mezcla que se le pone a la uva y tanta historia. Hoy no tiene paladar”.
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Con las botas de trabajar y el sacho./
Y. M. |
Con esos vinos de antes, asegura, se hacía “desde vino hasta aguapié, yo no sé si usted lo ha oído nombrar”. Como recibe una negativa por respuesta, lo explica. “A un barril de verdillo que quedaba en el lagar le mandaban un barril de agua, así que ya sacaban dos barriles: eso era aguapié, para raleras de gofio y vino. ¡Y agárrate! Se mandaba uno una ralera de gofio y vino y salía con los
cachos así. Sí, yo estaba trabajando en el carbón y el desayuno mío era
veces una ralera de gofio y vino; una escudilla de gofio y vino. ¡Y eso te daba una potencia para trabajar que daba miedo!, porque daba sangre”.
El relato del cestero llega así a otra actividad muy tradicional en pueblos de monte como Pinolere: el carboneo. “El trabajo mío ha sido cestero y carbonero”, confirma. “Yo, cuando no tenía trabajo en las cestas, me iba al carbón. ¿Que se me acababa el
remate* de carbón?, entonces le pegaba a las cestas: cogía una cesta, la llevaba a cualquier sorriba, ‘mire, ¿me compra, que todas son como ésta?’, y hasta que me encargaban cientos y cientos”./
Yuri Millares
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