El faro de La Entallada, en Fuerteventura, fue el último de los construidos en España con la concepción clásica de torre con viviendas para el personal de señales marítimas. Su llamativo edificio presenta una cúpula acristalada para una óptica que también es faro de aviones y guió a Junkers y ‘Pedros’.
Con una planta en forma de U que abriga su patio hacia el interior de la isla y presenta su fachada principal de tres volúmenes al mar, el faro de La Entallada ha sido rehabilitado por el Cabildo de Fuerteventura para su próximo destino museístico dedicado a las señalizaciones marítimas. Además de adecuar las antiguas viviendas como salas con los accesos que le corresponden, en el exterior se ha construido un mirador sobre el acantilado en que se ubica y al que se accede por una rampa de madera.
Este faro, construido entre 1953 y 1954 con sillería de Tetir de color rojo en las molduras salientes y zócalos y con arcos morunos en el patio, había sido proyectado siguiendo un plan de alumbrado que databa de 1921 y preveía la instalación en la punta de Lantaílla de una luz que orientara a la navegación marítima en el paso más estrecho entre la costa africana y Canarias. Lo que finalmente se construyó fue un aerofaro, con una cúpula acristalada sobre los 11 metros de altura de su torre para emitir su característica de 1 + 2 destellos blancos cada 18 segundos a 30 millas para los barcos y a 15 kilómetros para los aviones que hacían entonces la ruta entre el Sahara español y el aeropuerto de Gando en Gran Canaria.
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El borde del acantilado donde se asoma el faro fue
volado en parte en 1953. Hoy cuenta con un mirador./
Y. M. |
“Cuando la contienda de Sidi Ifni yo era pequeño y me acuerdo de aquellos DC-3 y otros más antiguos, los Junker y los
Pedro, volando muy bajito de noche orientados hacia la luz del faro”, relata Juan Estárico Quintana, que llegó siendo muy niño a vivir a esta instalación tras un periplo previo de su familia por los faros de Orchilla (El Hierro), Punta Cumplida (La Palma) y Anaga (Tenerife), al ser su padre Juan Estárico González funcionario torrero. “Mi padre viene en barco para acá el día 3 de diciembre de 1954. Cuando llega aquí, estaba de torrero Manuel Malillo Castaño y los ingenieros de carreteras para la inauguración y encendido del faro. Aquella misma noche del día que llega mi padre se enciende el faro [por primera vez]. Nosotros ocupamos una vivienda y mi padre, como tenía más antigüedad que Malillo, queda de técnico encargado”, sigue relatando quien, años después, seguiría los pasos de su padre (y de su abuelo), convirtiéndose también en técnico de señales marítimas y torrero en este mismo faro./
Yuri Millares
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