Portada de la edición en papel
Diseño: Luis Jimenez Mesa

 

Sumario
Nº 19 Enero de 2006


El Reportaje
Pastores en trashumancia

Recuerdos
José Abu-Tarbush/Los jarandinos

Senderos
Pájara- Tiscamanita
David Bramwell/Último resto del bosque majorero

Mi Oficio
Nino el Cabrero

Patrimonio
Serie faros: La Entallada (Fuerteventura)

Menú
Restaurante Anthuriun

Bodega
Viña Frontera

Historia Oral
Eugenio, constructor de salinas


Número 19 - Enero de 2006

Mi oficio | NINO EL CABRERO
“El perro de cabras tiene que ser tirando a lobo”

Antonio Fernández, ‘Nino El Cabrero’, saca las cabras del corral para que caminen por la zona de Juan Hernández en Valle de Guerra (Tenerife)./ Y. M.


Nino el Cabrero, pastor de cabras en el municipio tinerfeño de Tacoronte, se crió “mamando en un cabra” y con estos animales ha estado casi toda su vida. Retirado hace poco, su rebaño caminaba con collares que él mismo hacía, comiendo cornicales, tederas, hinojo, rosquillas y tuneras.

Antonio Fernández Barrio, Nino el Cabrero, ha sido pastor como antes lo fue su padre. Hasta hace pocos años, madrugaba cada día y antes de ver la luz del sol ya estaba ordeñando, para salir después con las cabras a caminar “hasta la tardecita”. Su rebaño solía superar el centenar largo de cabezas e iba con un perro que le ayudaba a manejarlas; a veces con dos, si tenía un cachorro al que estaba enseñando. Con el perro que sabe iba primero llevando al cachorro, para que se fuera fijando, “pero después lo iba llevando solo, porque, si no, se arregosta a ir con el perro y el día que no llevo el perro pues no va él. Se le queda mirando a ver si lo ve”, dice.

“Un perro de cabras no es igual al de casa”, explica, “el perro de cabras tiene que ser tirando a lobo, como nosotros decimos. El mejor para aprender es el majorero”.

Cerveza para el empacho
Aunque para algunas enfermedades de la cabra acudía a la farmacia, “si es de empacho, porque se empachan muchas, le daba una cerveza”. O dos, haciendo beber al animal directamente de la botella. “Eso le revuelve y bota el millo. Otros le dan orines, pero lo mejor es la cerveza. Me lo enseñó un cabrero que está en la cumbre de Arafo, que estuvo con una finca arrendada aquí y estuvo conmigo y aprendí eso. Él lo que le daba a una cabra empachada es cerveza. Hay que echársela por la boca, porque sola no se la bebe: la botella la metes en la boca y se la bebe”.

Sus cabras, de raza tinerfeña lucían el tradicional collar entachado y las criaba seleccionando, entre otras cosas, el color. Sus favoritas son negras y coloradas; blancas no tenía ninguna. “De blanco, no. Bueno, hay quien tenga blancas porque le gustan, a mí no me gustan”. Y a partir de ahí les ponía nombre para identificarlas: los colores básicos y sus respectivos nombres son Negra, Colorada o Morisca, pero hay que completar su nombre-descripción porque se repiten los colores y entonces las llama, “si son coloradas, a suponer, Clavellina, Amapola, Naranja, los colores así. Una cabra negra, la Mora, la Romera, la Morisca, la Pichona, la Cardona”.

Llegado el momento de dar una orden a las cabras, silbaba si están lejos o las llamaba por el nombre “y vienen para atrás”, pero usaba también el perro, cuya simple presencia a veces es suficiente para que el rebaño esté controlado, obedezca y camine sin salirse del terreno por donde el pastor quiere que esté. “Ellas le tienen miedo al perro y aunque él no vaya, llamas por el perro y ellas se vuelven”./ Yuri Millares.


El pastor coloca el collar entachado en el cuello de una de sus cabras./ Y. M.


 

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Claveteado de las tachas
en un nuevo collar./ Y. M.

PASO A PASO
Collares entachados

Las cabras de raza tinerfeña de Nino el Cabrero lucían unos preciosos collares, con los que los pastores de Tenerife visten a sus animales. “A todas, desde que podía, se los iba poniendo”, dice. Son “collares entachados” y se ponía a hacerlos en ratos libres después de pastorear el rebaño. Aunque su vista ya no le permite hacer más, sí tenemos documentado su trabajo con fotografías realizadas en 2000.
1. Comprar cuero, pito, tachas
Para hacer los collares, compraba todo lo que necesario: el cuero, las tachas, el pito y la hebilla. “Las tachas son de 9 y 10 las de los lados, pero después tiene la del centro que es mayor. Lleva dos hiladas por cada lado y una al centro”.
2. Cortar cuero y clavar
Con un molde que tiene la forma del collar, se marca sobre la pieza de cuero y se corta un nuevo collar. Con un martillo se clavan entonces las tachas. “Hay quien no los tenga sino de tres hiladas de tachas, pero a mí me gusta de cinco”.
3. Hebilla
A continuación se coloca la hebilla, preparando uno de los extremos de la tira de cuero para que se introduzca en ella.
4. Lo que toca
“El pito es lo que toca”, explica. Son pequeños y es lo último que se le coloca al collar (“En el sur hay más grandes, les llaman cencerras, pero a mí no me gusta eso, hace mucha bulla”).