Portada de la edición en papel
Diseño: Luis Jimenez Mesa

 

Sumario
Nº 18 Diciembre de 2005


El Reportaje
Marisco de profundidad

Recuerdos
Jacob Morales/ Las semillas de los antiguos canarios

Senderos
Tiscamanita-Pájara
David Bramwell/ Buscando la vida en el desierto

Mi Oficio
Juan Lemes, carpintero

Patrimonio
Serie faros: Orchilla
(El Hierro)

Menú
Restaurante Sami

Bodega
Tagoror

Historia oral
Guadalupe y Ramón y el burro ‘Perico’


Número 18 - Diciembre de 2005

HistoriaOral | GUADALUPE Y RAMÓN Y EL BURRO ‘PERICO’
La velocidad del asno sí importa

Entre cestos de vendimia y toneles, Ramón señala su preferencia por la madera de castaño a la de roble para guardar el vino./ Y. M.


Ramón Cabrera y su mujer Guadalupe nacieron y han vivido casi toda su vida en el barrio de Banda de las Rosas, en el municipio gomero de Vallehermoso. Con 83 y 80 años, respectivamente, cuando se sientan a hablar de las vivencias que siguen, recuerdan hasta cómo llegaron los primeros coches por la playa.

Cuando fue a la guerra a la Península, movilizado por ser de la quinta del 35 y encontrarse haciendo el servicio militar en Santa Cruz de Tenerife, Ramón Cabrera Darias cumplió siete años uniformado que se le hicieron tan eternos que “ya me parecía que la vida mía era aquella”, dice. Pero en aquellas circunstancias piensa que incluso fue afortunado, pues su misión consistía en “ir a hacer las compras de la compañía”. Viajaba en un camión que conducía un muchacho de Madrid, recuerda, y él iba sentado en la cabina acompañándolo. “Él era el que manejaba* y me aconsejó, ni se sabe las veces que me lo dijo, que me sacara el carnet [de conducir], que el camión era del ejército y si le pasaba algo, a mí no me iba a pasar nada. Y llegué a manejarlo. Y me ha pesado veinte veces, pero yo en aquellos años, como aquí [en La Gomera] no habían carreteras todavía, decía: ¿para qué diablos quiero yo ese carnet? Y decía: yo, cuando llegue allí, si puedo, lo que hago es comprarme un burro. Y así lo hice”.

Todavía recuerda los primeros coches que vio circular por Vallehermoso. Como no había carreteras, se limitaban a dar vueltas por las escasas calles del casco, apenas la iglesia y algunas manzanas alrededor. “Un coche que lo trajo un señor, me acuerdo que fui a ayudar. Entonces había un camino para subir las mercancías de la playa en bestias y a lomos de la gente. Era un cochecito pequeño, como una carruchilla [a motor] de las de hoy, y fuimos y arreglamos un poco el camino para que pudiera subir al pueblo. Y aquí arriba caminaba en las calles, porque no había salida para más ningún sitio. Era un hombre pudiente. Después se arregló un poco el camino hasta la playa y él iba y venía”, sigue su relato Ramón, que sitúa su edad en torno a los 12 ó 13 años. “Había un pescante en la playa con un cajón y por ahí lo sacaron”, añade, lo que corrige Guadalupe. “No lo sacaron por el cajón –dice ella–, sino con la lancha desde el barco hasta donde le dicen la Cueva de las Paloma, que es en la playa”.

El transporte se siguió haciendo con la participación de animales, incluso camellos, todavía años después de aquella guerra de la que volvió sin el innecesario –entonces– carnet de conducir. “En esa época todos los vecinos tenían bestias porque eran los coches que había aquí por el campo. Y diban todos a ayudar a uno a sacar la cosecha”, sigue Guadalupe.

El primero, ‘Perico’
 


Guadalupe y Ramón, sentados a la puerta de su bodega en Banda de las Rosas./ Y. M.

Desechado el motor y las cuatro ruedas, Ramón vino de la guerra con su idea de comprar un burro y eso es lo que hizo. “El primero que yo compré es el más que me acuerdo, que me costó 32 pesetas, dos onzas que se le decían entonces. ¿No recuerdas, que lo compré a Ramón Méndez? –se dirige a Guadalupe buscando confirmar el dato–. Ese fue el burro mejor que ha habido aquí”. También fue de los que más le duró, hasta que “se me cayó sobre la ermita del Carmen y se le partió atrás el rabo y ya lo quité. No es que él aflojara, pero ya me daba pena de verlo”. Le puso de nombre Perico. Después de ese, tuvo “más de veinte”.

“Él iba a buscar una bestia, iba, por ejemplo, de aquí a Alajeró, a Alojera, a Taguluche, y si al mes de tenerlo no le resultaba, volvía, lo vendía y compraba otro. Él estaba siempre en cambio”, se ríe Guadalupe recordando los continuos cambios de burro en los que se empeñaba su marido Ramón, quien replica explicando el por qué: “Yo tuve muchos burros y burras. En aquellos años yo era algo desinquieto* y si yo tenía un burro y usted tenía otro que caminaba delante del mío, más que el mío, lo quitaba enseguida y buscaba otro. No me gustaba que otro fuera alante de mí”./ Yuri Millares

 


 

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El pueblo de Vallehermoso
en una antigua postal./ AFHC-FEDAC

HABLAR CANARIO
Para el ‘desajilo’, gofio y vino

Ramón Cabrera reconoce que antes fumaba mucho: cigarrillos, en cachimba y hasta puros. El médico no dejaba de insistirle en que lo dejara hasta que, una vez, al salir de su consulta y dirigirse a un bar cercano, el médico salió detrás y coincidieron en el mismo bar mientras se fumaba un cigarrillo. “Se acercó a mí para que la gente no… [oyera la reprimenda]”. Y recuerda que le habló más o menos así: “¿No le dije a usted que no fumara? Mire que eso va a acabar con usted, deje el fumado mastro Ramón”. “Entonces yo lo cogí a capricho: me da vergüenza que este hombre me esté llamando la atención. Y entonces dejé el fumado”. Le costó acostumbrarse, pero ya era cuestión de amor propio y todavía durante un tiempo se llevaba instintivamente la mano derecha al bolsillo de la camisa en busca del cigarrillo, por ejemplo, cada vez que terminaba de cargar el burro. “Pero ya me quité del vicio ese. A mí lo que me encanta es comer nadita de gofio en polvo con mi nadita de vino. Tengo mi latita de gofio y cuando me da el desajilo* me echo mi nadita de gofio y vino”./ Y. M.

Vocabulario

desajilo. Hambre (José Luis Concepción cita la palabra en Diccionario Enciclopédico de Canarias Pueblo a Pueblo).
desinquieto. Palabra de uso común y con múltiples referencias: “Del portugués desinquietaçao ‘inquietud de espíritu, turbulencia’ parece derivar el uso popular canario” (Manuel Álvarez en La herencia lingüística de Canarias en Puerto Rico…). “Se dice del desasosegado y del tipo que no para en parte alguna” (Pancho Guerra en Léxico de Gran Canaria)
manejar. Aquí, conducir un vehículo automóvil, aunque también se aplica a “gobernar el barco” (Manuel Alvar, citado en el Tesoro lexicográfico del español de Canarias).