Los últimos dos años, Tagoror ha realizado una amplia transformación de sus instalaciones en El Sauzal (Tenerife). Sus alineados viñedos en espaldera son visibles ahora desde un nuevo edificio –anexo al primero que ocupaba sus depósitos de vino– que es también mirador con mesa y mantel.
Las instalaciones de Bodegas Tagoror eran un edificio con su zona de elaboración y almacenamiento en depósitos de acero inoxidable, junto a un patio en el que un bar con barbacoa y unas mesas invitaban a acercarse para pasar un rato en grupo, comiendo mientras se degusta el vino de la casa. José Miguel Ramos Noda las puso en funcionamiento y convirtió en una actividad económica en 1990, tras haber empezado como
hobby en los años 70. A partir de 2003 ese concepto de bodega se ha ampliado en espacio.
Un nuevo edificio acoge la zona de crianza con su parque de barricas, equipamiento de embotellado y almacén en su sótano; sobre sus dos plantas de superficie, la oferta ha crecido pensando en los visitantes con una vinoteca y museo que explica la historia de esta empresa vinícola y los trabajos y procesos agrícolas a través de viejas herramientas, un salón de degustación, la tasca El Empaquetado con servicio de cocina, la sala El Cachorro Canario en la planta superior para eventos con capacidad de hasta 120 personas (incluyendo personas con discapacidad que disponen de ascensor y servicios propios), etc.
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 En la
parte de la bodega más antigua, depósitos de
acero inoxidable./ Y. M. |
Desde sus terrazas acristaladas, en las dos plantas sobre tierra, se puede estar sentado ante una mesa con mantel y disfrutar de unas vistas de los viñedos que surten de uva a la bodega, en una suave ladera que deja ver el azul del océano en el horizonte. En los 62.000 metros cuadrados de esta finca, Salto del Gato, las cuidadas espalderas de viñedo en cordón cuádruple y poda corta ven crecer, para cada vendimia, uvas tradicionales de la zona (listán negro, negramoll y tintillo en tintas; listán blanco, gual, forastera gomera y moscatel en blancas) y de las nuevas que se consideran “mejorantes” (rubí cabernet, merlot y tempranillo). Otros 10.000 metros cuadrados más, en parral tradicional, crecen en otro lugar relativamente cercano, la Cruz de Leandro.
Entra merlot
La cosecha 2004 fue la primera, ya con las nuevas instalaciones operativas, en la que todos los tintos han pasado por barricas de madera (unos más tiempo que otros, según la gama de vinos y marcas que ofrece la bodega). Normalmente, ninguno de ellos sale al mercado antes de 10 meses de tranquilo reposo, salvo alguna partida específica. “No castigamos el vino con filtraciones y estabilizaciones en frío, sólo hacemos tres o cuatro trasiegos al año para que se vaya haciendo solo”, explican aquí. Y la cosecha de 2005 es la primera en la que para la vinificación han contado con una de las variedades mejorantes que cultivan como experimentación: merlot,
con un 3% de presencia entre las variedades tradicionales
que dan identidad al vino de la comarca./
Yuri Millares.
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